jueves, 1 de julio de 2010

Día 1






“Hacía más de dos días que no entraba a su cuarto, me acuerdo que cada vez que lo intentaba empujaba la puerta y peleaba con la alfombra de revistas y demás papeles, entre cajas y trapos, que cubrían por completo el suelo. Daba miedo entrar, es más, nunca lo logré, simplemente echaba un vistazo desde el pasillo y lograba ver apenas parte del menjunje. Las tazas que alguna vez tuvieron refresco estaban adheridas a lo que quiero suponer era una mesa de luz. Los envoltorios de golosinas (de las grandes) eran una constante, sin embargo competían con las latas de cerveza y las botellas de soda naranja… Agradezco que sus cortinas estuviesen cerradas siempre, no quiero imaginarme qué sería de ese lugar si la luz del sol apresurara la fermentación de tal basurero.”
Emille Vanois, compañero de apto. Octubre, 2006.

La alarma del celular repicó dos veces antes de que se deshiciera contra la pared. El dolor de cabeza le señalaba con el dedo y se reía en un zumbido tan agudo que no se animó a abrir los ojos. Sabía que el despertador del radio-reloj estaba a punto de activarse, por lo que estiró el brazo buscando el cable, hasta que recordó que era a pilas. “¡Puta!” Dijo. No había podido dormir ni un segundo, ni un maldito segundo, las sábanas se habían perdido entre las frazadas y una manta de lana le estuvo picando las piernas toda la noche. Era temprano. Se resignó a levantarse, como pudo, sin animarse a abrir del todo los ojos. Empezó a buscar su ropa, se vestía a medida que la iba encontrando. Buscó los zapatos donde se supone los había dejado, pero había algo, que no eran sus zapatos. Eran de hecho otros zapatos, zapatos calzados. Siguió tanteando, y descubrió un tobillo… “¿Dónde mierda están mis zapatos?” Se quejó. Buscó debajo de la cabecera, y se encontró con un brazo, lo corrió “Acá están” Se calzó y se fue a desayunar.

***
Abrió la puerta, y allí estaba: el diario. Se agachó a buscarlo y por algún motivo se detuvo a medio camino, extrañado, frunció el ceño por un buen instante. Su cara cambió: “¡Oh! ¡Todavía quedan brownies!” recogió el periódico, puso a calentar una taza de leche para la cebada, abrió la cortina del comedor y tranquilamente se dispuso a comer y a leer. Nada interesante: el dólar que sube, el boleto que sube, tarde soleada en el sur, con lloviznas aisladas en el norte, máxima de 22º mínima de 12º, etc. Bajó la lectura y alzó la vista a la puerta de su cuarto, estuvo media hora mirándola hasta que el olor a leche quemada mezclado con el del gas lo bajó a tierra. Ya debía marcharse a trabajar. Tomó el portafolio, abrió la puerta, pasó el cerrojo. Esperó al ascensor, miró la puerta del apartamento, esperando darse cuenta de qué se olvidaba. Llegó el ascensor, digitó planta baja. La bajada lo impresionó de tal modo que se desveló totalmente. Empezó a recordar más frescamente todo lo que había hecho. “¡El celular! Cierto que se me desarmó…”

“Señor, ¿No va a salir?” Preguntó una vecina que, ya en planta baja, había abierto la puerta del ascensor. Estaba inmóvil. “¡Señor! ¿Se siente bien?”
Sus labios estaban tan pálidos que se continuaban con la piel de su rostro, y sus ojos grandes secándose, y las pupilas dilatadas, y el cuerpo entumecido, y la respiración corta, y el sudor frío, y la garganta seca…

5 comentarios:

  1. Muy lindo, che! como todo lo que Ud. hace :D
    No se me ocurre nada muy creativo para decirte, así que bué...
    Nah, en serio. Me gustó mucho, seguí así, espero sigan saliendo esas cosas lindas. Un besote, grandote!

    María~

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  2. Esta muuy bueno enserio!!
    Me gusto muchos..!!!
    Maru

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  3. Jajaja, gracias!
    Se me hizo medio retorcido para escribirlo :S
    Me lo imagino mejor como parte de un corto, ahí se entiende más capaz...

    Abrazo!
    Piero.

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  4. Pero que sorpresa, no imaginé que al entrar me iba a encontrar con un blog asi. Realmente te felicito.

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  5. Me encantó!! Logró captar mi interés, y el poder de imaginarme las escenas y visualizarlas mientras leía el texto, excelente!

    Michael.

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